Mordheim: Crónicas de la Umbra

[Mordheim] Crónicas de la Umbra: bestias en la noche.

Hola a todos. Regresamos a la Ciudad de los Condenados para continuar relatando lo acontecido en nuestra campaña “La caza de la bruja”.

Mi segundo rival: las Hermanas de Sigmar de Drakaliham.

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Crónicas de la Umbra. Tomo II. Capítulo II.

 

Siguiendo el procedimiento habitual, Drakaliham y yo comenzamos determinando aleatoriamente en qué zona de Mordheim nos íbamos a enfrentar y con qué escenario. Esta vez combatiríamos en el Herring, el distrito middenheimer de la ciudad, situado al norte de la misma y en el lado oriental del río. El escenario sería el tres: A la búsqueda de la Piedra Bruja; un escenario muy bueno para obtener fragmentos adicionales de esta preciada sustancia.

A continuación, pasamos a colocar en el campo de batalla los cuatro fragmentos de Piedra Bruja que nos salieron en la tirada de dado (1D3+1). Drakaliham ganó la tirada de despliegue y eligió el lado del tablero primero, distribuyendo las miniaturas de su banda en mi lado izquierdo de la mesa, dominado por la ruinosa parte frontal de un edificio de tres plantas. Yo desplegué en el lado opuesto, lógicamente.

La partida empezó con nuestras bandas avanzando y recogiendo los dos trozos de Piedra Bruja más cercanos a nuestras respectivas zonas de despliegue. Al final del segundo turno, Drakaliham había cogido los dos fragmentos cercanos al edificio antes mencionado con su Augur y una de las Hermanas Superioras y yo había tomado posesión de los míos con Wolfgang, mi vampiro, y Lisbeth, la nigromante. No hubo sucesos aleatorios… aún.

El tercer turno tomó un cariz más táctico. Ya con la Piedra Bruja más cercana recuperada, cada uno de nosotros inició las maniobras que creímos convenientes para vencer a la banda rival. Y en el caso de Drakaliham, cuya banda estaba casi completamente dotada de hondas, estas consistieron en recular. Yo avancé, buscando las coberturas de la plaza central del campo de batalla, avanzando con los elementos más rápidos y sólidos de mis no muertos (el vampiro y Grorg, el ogro) por el centro y flanqueando con mis necrófagos. Evidentemente, me iba a tener que comer un turno de pedradas antes de trabarme en combate con las piadosas siervas de Sigmar.

En el cuarto turno, observé entre indignado y divertido como las “valientes” monjitas se parapetaban aún más en el edificio de tres plantas, algunas subiendo al primer piso por las escaleras adyacentes. Aquello parecía un búnquer, y lo peor es que la Matriarca poseía la plegaria Fuego Espiritual, que podía ser devastadora para mis no muertos en caso de acercarme demasiado. Obviamente, mi ogro era el candidato idóneo para ignorar ese hechizo y cargarse a la regordeta abadesa… si conseguía acercarse.

En estas llegó mi cuarto turno. Tiré el dado para ver si había sucesos aleatorios y ¡zas!, un uno; ay… Tiramos en la correspondiente tabla y resultó que una manada de encantadores perros mutados y rabiosos había decidido mostrar interés por nuestra reyerta. 2D3 después, cinco chuchos esperaban para desplegarse desde uno de los bordes de la mesa y salir disparados hacia las canillas de nuestras bandas. Aunque Chon, nuestro master, nos dijo que elegía por dónde salían el jugador cuyo turno estaba en curso (o sea, yo), me pareció un poco salvaje y decidí hacerlo de forma aleatoria (si es que soy un pringado). Todo hay que decirlo: mientras que mi banda estaba dispersa entre las coberturas de la zona central del tablero, lejos de cualquiera de los bordes, las Hermanas de Sigmar de Drakaliham estaban todas muy apiñaditas en el edificio cercano a su borde de la mesa. Si lo perros salían por allí, podía llegar a ser muy gracioso (para mí, claro).

Tiré un dado de dispersión y… evidentemente, Sigmar castigó la cobardía de sus fieles y los mastines mutantes aparecieron justo por detrás del edificio lleno de sabrosas hermanas. Los animalitos cargaron y, en un pispás, dejaron fuera de combate a tres Hermanas de Sigmar, incluidas las dos que portaban los fragmentos de Piedra Bruja: una Hermana Superiora y la Augur (la cieguita no lo vio venir… jojojo, chistaco). A continuación, mi banda avanzó a saco aprovechando la coyuntura. Innecesario, ya que Drakaliham decidió retirarse antes de que la cosa fuese a peor.

Así pues… ¡segunda victoria de la Umbra! Sensación agridulce, ya que no hubo ni un combate y la partida se dirimió por un evento aleatorio fortuito.

En la fase poscombate, resultó que la Augur había sido capturada por mi banda, ¡que inmediatamente procedió a matarla y convertirla en un zombi! Jijiji… Asimismo, en la exploración encontramos un cadáver con una armadura ligera (para mi vampiro) y a un vagabundo… que fue igualmente sacrificado y zombificado. Dos zombis gratis, chachi.

Varios miembros de mi banda obtuvieron tiradas de experiencia, con los siguientes resultados.

  • Vampiro: +1 HA. Se pone con HA5, lo que está muy bien.
  • Nigromante: decidí generar un nuevo hechizo, buscando alguno de los de daño, pero me salió El Despertar.
  • Deimos, el desecho que no subió en la anterior partida, subió en esta y obtuvo +1 HA (ahora HA3).
  • Los dos grupos de necrófagos también tuvieron tiradas de experiencia, y mientras que los Roehuesos (estrellas en la partida contra los Poseídos de Kyam) subieron su Liderazgo (bazofia) los Devoradores de Hombres incrementaron en +1 su Fuerza; mucho mejor.

Por último, tras las ventas y demás recluté a un necrófago más para mis Devoradores de Hombres, que junto con los dos nuevos zombis completaban mi banda al tope de efectivos.

De momento, las cosas me van bien. La Umbra sigue invicta en Mordheim; veremos a quién me enfrento en la tercera ronda.

¡Hasta entonces!

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