Mordheim: Crónicas de la Umbra

[Mordheim] Crónicas de la Umbra: la llegada.

Crónicas de la Umbra (banda de No muertos de Mordheim, campaña “La caza de la bruja”). Tomo I, capítulo II.

De cómo empezó todo…

“Wolfgang observó desapasionadamente la calle oculto bajo el destartalado alero de una de las casas del barrio de los lupanares. La fachada, de un estilo irreconocible debido a la decrepitud del edificio, presentaba una profusión de grietas que recordaba las raíces de un árbol centenario. Contempló la escasa afluencia de personas que transitaban arriba y abajo por el sucio empedrado, la mayor parte embozadas, encapuchadas u oculto el rostro de alguna forma. Aún le costaba percibir el latiente pulso de la sangre en las venas de esos transeúntes y debía concentrarse para identificar algunas de las emociones que ello revelaba: miedo, desesperación, euforia causada por los narcóticos…

– Incluso para lo que es habitual en las ciudades imperiales, esta ciudad es un desastre nauseabundo – la voz surgió del callejón cercano similar al viento nocturno que agita las hojas caídas en un cementerio. Lisbeth mantuvo una prudente distancia, mientras acariciaba las plumas negro azabache de su cuervo. La nigromante, con su vestimenta a caballo entre la de una dama de alta alcurnia y una prostituta de fortuna, destacaba de forma brutal con la pobredumbre del entorno.

El vampiro sonrió, divertido por las molestias propias de la mortalidad. Recordó su juventud en Kislev, en una época que parecía haber discurrido hace siglos y de la cual su largo pelo recogido en una exótica coleta era la única reminiscencia visible. Rememoró el frío, la humedad, el cansancio… esas sensaciones se le antojaban ahora irrelevantes, ridículas. El Beso de Sangre solía tener ese efecto, aunque debido al escaso tiempo transcurrido él aún las retenía en su memoria.

– Ciertamente, querida. Sin embargo, Lord Vlad fue muy específico respecto a nuestros objetivos, y nada me resultaría más desagradable que disgustarle.

Con una orden mental, casi instintiva, convocó a la pequeña hueste de necrófagos que había reunido al poco tiempo de su llegada y que vigilaban, ocultos y hambrientos, en los más sombríos rincones de los alrededores. Un cadáver pútrido se arrastró desde uno de los pórticos cercanos atraído por los hilos de magia negra que emanaban, invisibles a la vista mundana, de Lisbeth. Más adelante, uno de sus fieles desechos señaló con su rechoncho dedo a un hombre que salía, tambaleante, de uno de los sórdidos burdeles; sus ropas le delataban como un guarda de caravanas, y Wolfgang sabía que el humano tenía información de interés para su misión.

– Que empiece la caza… – susurró mientras una sonrisa depredadora asomaba a sus pálidos labios.”

 

ilustración Mordheim

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